miércoles, 11 de mayo de 2016

Microrrelato punk: Felipe González


Felipe González es el ejemplo perfecto de traidor, de corrupto, de político vendido al dinero.


Felipe González metió a España en la OTAN. Un porcentaje de los civiles que haya podido asesinar, herir o mutilar despiadadamente la OTAN, en todas las guerras desde la Guerra del Golfo, es culpa de Felipe González.

Felipe González era el sr. X. 20 años antes, el Capitán América descubría que Nixon era el Nº 1 del Imperio Secreto, pero aquello era un cómic. La realidad superó a la ficción.

Felipe González acabó en el consejo de administración de Gas Natural, como tantos políticos que terminan obteniendo cargos increíblemente bien remunerados en empresas privadas a las que, casualmente, han beneficiado durante su mandato. Cada año mueren entre 7000 y 10000 españolxs por no tener dinero para pagar la calefacción. Felipe González también tiene buena parte de la culpa.

Felipe González sería un hijo de puta si ése no fuera un insulto machista y ofensivo para su madre, que probablemente no tiene la culpa de haber parido un hijo tan cabrón y miserable.

Felipe González era un terrorista. Y, para colmo, los GAL eran terroristas tan sumamente ineficaces que constantemente terminaban asesinando a inocentes que no tenían nada que ver con ETA.

Felipe González le dice a Pablo Iglesias que él está con la casta, no con el pueblo. Orgulloso. Pero lo sabíamos desde hacía años.

Felipe González creó los contratos basura y las ETTs mientras presumía, con una cara dura como el mármol, de ser socialista. Un insulto sobre las tumbas de cualquier auténtico socialista, y en general un insulto a la coherencia, a la verdad y a la dignidad. Felipe González es un traidor a sus ideales, un miserable sinvergüenza mentiroso.

Felipe González y los políticos más cercanos a él pasaron toda su carrera rodeados de corrupción, algo que realmente no extraña mucho, pues sólo la corrupción y la avaricia pueden explicar que Felipe González decidiese joder a tanta gente.

Felipe González es escoria, basura, un cáncer para la sociedad. Totalmente sobrante y perjudicial: el mundo habría sido mejor sin él.

Felipe González se anima a defender los derechos humanos de los opositores venezolanos, cosa que está muy guay, aunque los de los españoles siempre le han sudado la polla por completo.


Felipe González estrecha la mano de José María Aznar, ambos orgullosos, máximos exponentes de la maldad de sus respectivos partidos.

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