domingo, 3 de diciembre de 2017

Chiste de Aleister Crowley

Citado en Promethea, parece ser que Aleister Crowley aseguraba que este chiste explicaba en qué consiste la magia. Supongo que también explica en qué consiste la patafísica y alguna cosa por el estilo. En cualquier caso, aunque como chiste no sea muy gracioso, creo que "algo" sí explica, sí. Como parábola sí sirve.

Dos hombres se encontraban viajando en el mismo vagón de un tren. Lo cierto es que no se habían visto nunca antes; simplemente, aquel viaje había unido sus destinos. Uno de ellos portaba sobre su regazo una caja de cartón, a la que se le habían practicado unos agujeros en la parte de arriba. Tras pasar un buen rato preguntándose qué es lo que podría haber dentro de aquella caja que portaba su compañero de viaje, el otro hombre al fin no pudo reprimir más la curiosidad. Así que le preguntó:
-Perdone, no he podido evitar fijarme en su caja. ¿No contendrá por algún casual alguna especie de animal?


El otro hombre, que evidentemente se quedó sorprendido ante esta impertinente intromisión por parte de un extraño, le sonrió educadamente y le respondió:
-Ha dado en el clavo. Lo cierto es que hay una criatura dentro de la caja, y aún más, puedo revelarle que el animal en cuestión es una mangosta.
El hombre que había hecho la pregunta se quedó pasmado ante tal revelación. Balbuceando por la sorpresa, intentó que su extraño compañero de viaje le diera más explicaciones acerca de esta revelación ciertamente inaudita.
-¿Una mangosta? Señor, he de confesar que esperaba que fuese tal vez un gato, o un conejo, no una criatura tan exótica y estrambótica. El animal que menciona ha despertado tanto mi curiosidad que he de rogarle, señor, que me cuente más. ¿Adónde se dirige con tal espécimen, si me permite el atrevimiento?
El otro hombre, el que estaba sentado con la caja agujereada sobre su regazo, se encogió de hombros de modo cansino y respondió.
-Bueno-dijo-, es un asunto personal, ya que se trata de una tragedia familiar... Sin embargo, ya que confío en que puedo contar con su discreción, supongo que no hay razón alguna por la que no pueda contarle a usted este relato tan aciago. Mire-siguió hablando el hombre-, este infausto relato tiene como protagonista a mi hermano mayor. Él siempre ha sido lo que se podría denominar la oveja negra de la familia. Durante muchos años no se ha privado de ningún tipo de exceso o vicio tópico o vulgar, aunque su querencia por los licores fuertes es el peor de todos ellos. Su adicción a la bebida ha ido en aumento, de modo que ahora padece las últimas fases del delirum tremens. Mi hermano ahora ve serpientes por todas partes, por esa razón llevo esta mangosta, para que pueda librarse de ellas.
-Perdone-le interrumpió el otro hombre mirándole asombrado-, pero las serpientes que ve su hermano... ¿No son serpientes imaginarias?
-Cierto-replicó su compañeto de viaje-, pero esto...-y en ese momento hizo un gesto señalando hacia la caja con agujeros que se encontraba en su regazo-¡Es una mangosta imaginaria!

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